Salmos del Día Lunes

Salmo 31

Es la súplica y a la vez acción de gracias individual confiada siempre.

Plena confianza en el Señor:

A ti, Señor, me acojo: no quede yo nunca defraudado;

tú, que eres justo, ponme a salvo,

inclina tu oído hacia mí; ven a prisa a librarme,

sé la roca de mi refugio, un baluarte donde me salve.

Tú que eres mi roca y mi baluarte; por tu nombre dirígeme y guíame;

sácame de la red que me han tendido, porque tú eres mi amparo.


En tus manos encomiendo mi espíritu: tú, el Dios leal, me librarás.

Salmo 84

Cada día es el inicio de una nueva etapa de nuestra peregrinación. La esperanza que insinúa el salmo se convierte siempre en oasis frente a las dificultades.

Anhelo por la casa de Dios:

¡Qué deseables son tus moradas, Señor de los ejércitos!

Mi alma se consume y anhela los atrios del Señor,

mi corazón y mi carne se alegran por el Dios vivo.


Hasta el gorrión ha encontrado una casa; la golondrina un nido

donde colocar sus polluelos: tus altares, Señor de los ejércitos,

Rey mío y Dios mío.


Dichosos los que viven en tu casa, alabándote siempre.

Dichosos los que encuentran en ti su fuerza al preparar su peregrinación.


Cuando atraviesan áridos valles, los convierten en oasis,

como si la lluvia temprana los cubriera de bendiciones;

caminan de altura en altura, hasta ver a Dios en Sión.


Señor de los ejércitos, escucha mi súplica: atiéndeme, Dios de Jacob.


Un solo día en tu casa vale más que otros mil,

y prefiero el umbral de la casa de Dios a vivir con los malvados.


Porque el Señor es sol y escudo, Él da la gracia y la gloria.

El Señor no niega sus bienes a los de conducta intachable.


¡Señor de los ejércitos, dichoso el hombre que confía en ti!

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